EKATERIMBURGO -- En Eneida, en el año 19 A.C., Virgilio publicaba: "La única salvación para los vencidos es no esperar salvación alguna".

Inmejorable diagnóstico para la Copa del Mundo Rusia 2018. Gesta y justa en la que los insalvables, hacen peligrar la salvación de los favoritos.

Porque Alemania sufre, con todo y sus honores y blasones de campeón mundial y de la Confederaciones, y hoy sobrevive porque la bazuka de Kroos evitó otro Día D para la armada alemana.

Y porque Argentina sufre, mientras el mejor futbolista del mundo se refugia como armadillo, hasta en la arenga suprema del atleta: su himno nacional. Messi se consume de pánico interno. El miedo a cargar con el miedo de 30 millones de temblorosos.

Y porque España sufre, tratando de jugar sin Lopetegui a lo Lopetegui, y con un exitoso hombre de escritorio, como Hierro, tratando de explicar con balances y hojas contables, la estrategia para no sucumbir sin tener una estrategia.

Y porque Portugal sufre, tratando de repetir la hazaña de la Eurocopa, ganando con lo justo y hasta veces de la mano de lo injusto, pero cobijado por el lugarteniente Cristiano Ronaldo. Portugal celebra a lo grande, un paso pequeño que contrasta con su amenazante llegada.

Y porque Brasil sufre, innecesariamente, porque se conforma con espantar al vecindario y después quiere juguetear, para convivir con la angustia.

Los favoritos en el papel, tienen hoy una entereza de papel en la cancha. España y Portugal se clasifican, pero dejando la duda sobre si manipularon el juego, si evitaron riesgos, o simplemente es su realidad, porque irónicamente, el enfrentamiento entre ellos fue como la gema del Mundial, pero después la engarzaron en cobre.

Ciertamente, cuando los poderosos se ven zarandeados irrespetuosamente, y quedan expuestos de manera indecorosa, como Alemania ante México o como Argentina en sus dos compromisos, la competencia estremece esa devoción materna por acurrucar al más débil.

Y ciertamente, en todos los equipos, a notables jugadores, deberá agregarles solidez gremial el paso de los juegos y de los entrenamientos. O al menos debería ocurrir, pero es tan dramáticamente frágil su oportunidad, que ya sólo disponen del desenlace histérico de los 90 minutos.

Bajo esos escenarios, se da el asalto de los polizontes. De los que se esperaba apenas que ejercieran su condición de chambelanes, como invitados al banquete por cuestión de cupos y no de pujantes antecedentes.

Por eso, el cierre de esta última jornada de la fase de grupos, con tambores de tragedia, pone a bailar a varios grupos.

México caminará pomposo por la forma en que superó a Alemania 45 minutos, y también la forma en que controló el juego ante Corea del Sur, pero si no es capaz de vencer o empatar a Suecia, su futuro quedaría prendido de aritméticas ajenas.

Lo cierto es que hoy, los animadores de la Final en Brasil 2018, tienen ilusiones abiertas de clasificar, pero Argentina más que preocuparse por Nigeria, se preocupa por saber si Messi sigue mirando el Mundial por el ojo de la cerradura, sin atreverse a participar.

Hoy, entonces, aplicando la reflexión de Virgilio, "la única salvación para los vencidos sigue siendo no esperar salvación alguna".

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