LOS ÁNGELES -- El Pastor busca quién le pastoree su Rebaño. Matías Almeyda, de acuerdo con el Principio de Peter, encontró su propio nivel de incompetencia.

Y antes de que ese "dinosaurio, de los antiguos", no de los nuevos, que, además, enfermo de incontinencia urinaria, con frecuencia salpica a las Chivas, El Pelado busca un brazo derecho, pero que no atente con usurparle el timón del equipo.

Después de jactarse de su omnipotencia, de creerse capaz de coordinar, exitosamente, en Chivas, desde los ungüentos y las toallas de la podóloga hasta la firma de futbolistas, pasando por fuerzas básicas, El Pelado claudicó.

Quiere a un gerente con filiación, experiencia, pasión y compromiso con Chivas, con vínculos vigentes al futbol mexicano, pero, sobretodo, que no tenga delirios de entrenador como para interrumpir en los quehaceres de la dirección técnica.

Habida cuenta que el catastrófico manejo del caso Oswaldo Alanís le costó el puesto al megalómano Pelagatos 2.0, como le bautizó Ricardo Peláez, ahora Matías Almeyda busca alguien que no juegue en su contra como José Luis Higuera.

Ojo: Higuera llevó a Almeyda al Rebaño, pero ya está dicha: "cría cuervos y...".

Bajo las condiciones que impone Almeyda no hay muchos que califiquen ni muchos que clasifiquen. Con semejantes requerimientos segrega más que amplía el universo de posibilidades.

Chivas, de entrada, necesita a un exfutbolista que deje de pensar como futbolista, pero sin dejar de pensar en el futbolista.

Bajo ese escenario, hay dos extremos juiciosamente deliciosos. Y tal vez ninguno pudiera agradar, de entrada, a la afición rojiblanca, que, al final, queda claro tiene una voz tibia y un voto nulo en la toma de decisiones.

1.- Néstor de la Torre, quien mostró la mano fuerte en la selección mexicana, aunque en Chivas cedió demasiado en esa relación de hermano a hermano con el Chepo de la Torre.

De cuna rojiblanca, seguramente hoy está más capacitado que nunca para regresar, pero, seguramente, puede ser el menos interesado en volver a tener roce con Jorge Vergara. Todos tenemos un poco de masoquista, pero no tanto.

2.- Ricardo Peláez parecería satanizado. Americanista de formación y un antagonista de alta hostilidad hacia Chivas mientras dirigió El Nido, al final tiene un sello: profesionalismo.

Almeyda y él tienen capacidad de diálogo bajo una religión: conservan la esencia de futbolistas. Además, han enriquecido de buenos y malos momentos su aprendizaje. Tienen, sin duda, elementos de conexión que los llevaría a ayudarse el uno al otro.

Baste citar un ejemplo: el conflicto de Alanís. Peláez, lo habría logrado solucionar con una propuesta intermedia, sin permitir llegar a extremos perversos, como los generó el mismo Higuera, encima informando de manera amañada a Vergara.

Y, a final de cuentas, recordemos que el mismo Higuera, de palabra, obra y comisión, fue americanista y antichiva según está documentado en redes sociales.

Ciertamente una nueva convivencia entre Vergara, Néstor y Almeyda estaría sostenida por hilos muy delgados. Una confianza absoluta entre ellos sería muy difícil de garantizarla. Hay demasiadas esquinas rotas.

Y una convivencia entre Vergara, Peláez y Almeyda estaría regida por una bendición para el equipo: el aislamiento del propietario de esta nueva gestión.

¿Además, alguien duda que más allá de la filiación sentimental de Peláez con El Nido, no sería hoy el número uno en pretender consumar con éxito un proyecto en Chivas el enemigo número uno del América que lo echó por la puerta de atrás?

Hay quien refuta esto con un argumento que no puede desdeñarse, especialmente después de varios acontecimientos recientes de esos pleitos clandestinos y ruines entre propietarios de equipos: ¿Permitiría Emilio Azcárraga Jean que regrese Peláez a involucrarse con un equipo, en especial con Chivas?

Más allá de que supuestamente alguna vez Cruz Azul lo sondeó, en caso de que menguara la salud de Eduardo de la Torre y le obligara a dejar La Noria, la otra versión es que Peláez, hoy, es parte de un veto furtivo como parte del Pacto de Caballeros.

Elucubrando, y conociendo algunas formas de proceder del futbol, tampoco hay que descartar que de la nada surja un candidato, postulado por el mismo representante de Almeyda, Santiago Hirsig.

Recordemos que Matías Almeyda tiene voz y voto para buscar, entrevistar y elegir a su director deportivo, y seguramente podría presentar a ese inesperado aspirante, como alguien que conoce sus procedimientos y forma de trabajo. En el futbol mexicano ya nada debe extrañar.

Y Vergara es capaz de comprarlo. Recordemos la forma tan ingenua en la que dilapidó millones de dólares con el proyecto Cruyff y la llegada de Van't Schip.

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México, Fútbol, Guadalajara

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