Jeffrey Arguedas/EFE

LOS ÁNGELES -- Cuando un equipo serio, con un portero serio, se toma en serio un torneo no tan serio, el festejo es del América sobre el Saprissa (5-1), y no del Herediano ante el poco serio Tigres y el menos serio Nahuel Guzmán.

América jugó sin prisa. Saprissa jugó con nerviosismo y con nervio. Las Águilas se sintieron cómodos en el epicentro de un circo que normalmente intimida al visitante. En el primer tiempo, los morados parecían amoratados por la exigencia de victoria.

En la línea de fuego, Cecilio Domínguez hizo el primero ante la ingenuidad de la marca, y el segundo lo consumó en una espléndida pirueta Mateus Uribe. El tercero significa el doblete de Cecilio Domínguez de nuevo desconcertada y patidifusa, entre el toqueteo americanista.

La capacidad de reacción de Saprissa era limitada por la presión en la marca del América, liderada por el otro resucitado por Miguel Herrera, Guido Rodríguez. Su mayor acoso fue un disparo que exigió la cabriola de Marchesín y un manotazo del arquero americanista en un balón cerrado cobrado desde el rincón.

Era evidente que América no se atragantó de arrogancia. Parecería que la lección ajena, la de Herediano a Tigres, la hizo suya desde el inicio del encuentro.

El marcador al término del primer tiempo relataba una mentira. Ese 0-3 era perniciosamente tacaño, especialmente porque Henry Martín tuvo dos, francas, absolutas, inmejorables, pero las arruinó por las deficiencias técnicas como si tuviera juanetes, y que hace parecer que ese triplete ante el disminuido Lobos, quedará como anécdota más que confirmación.

De nuevo con esa marcación a distancia, Saprissa permitió el juegueteo cómodo de los atacantes y entre Oribe y Martín entregan a Renato Ibarra, quien caracolea y dispara, con la fortuna de que el balón es rozado por un defensa. 0-4.

Mientras Saprissa se apresura a evitar una masacre con números de escándalo, ajusta líneas, sin renunciar a la ofensiva, mientras que el América hace movimientos para tratar de arrullarse en el marcador.

En esa parsimonia, cuando empeñaba la seriedad con la que había empezado a tomar el partido, carga con el gol en contra. Ariel Rodríguez amarra con el pecho, le dibuja una verónica a la embestida ciega de Emanuel Aguilera con un sombrerito, para fusilar a Marchesín, quien rechaza débil a un lado, permitiendo al delantero de Saprissa.

En la banca, el 1-4 hirió la paciencia de Miguel Herrera. El Piojo había festejado en esa antesala del colapso los goles de su equipo, y rumió de igual manera, el descuido de Aguilera.

La respuesta es inmediata. El 1-5 termina por amansar al Monstruo Morado que empezaba a alebrestarse con las fantasías del gol del Saprissa.

Participante en todos los goles, Oribe Peralta, gestiona el quinto gol. Anticipa, protege y cede en corto al perfilado Mateus Uribe. Su zapatazo raso sonsaca el estertor de la tribuna. Rabia absoluta: empieza a limpiarse la tribuna y como despedida, no hay pañuelos blancos sino verdes recriminaciones.

América cumple el requisito: ganar, gustar y golear. Deja resuelta la eliminatoria. Y deja la advertencia para aquellos equipos poco serios, con porteros poco serios.

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Federico Bassa Atlas
@atlasfc

LOS ÁNGELES -- Atlas tiene nuevo director deportivo. Se llama Fabricio Bassa, es uruguayo y miente. Lo presentó el presidente, Gustavo Guzmán, es mexicano... y sigue mintiendo.

Alberto de la Torre queda fuera. Rojinegro genuino, de cuna, de apellido, de masoquismo comprobado, pero Manobeto es una buena persona que no hace cosas malas, pero hace mal las cosas.

Bassa se inmola a cada palabra, a cada reflexión. Es uno de esos tantos hijos bastardos, futbolísticamente hablando, que ha regado Marcelo Bielsa por el mundo, como accidental incubadora de rémoras.

¿Alguno de los tantos llamados discípulos de Bielsa ha hecho algo en México? Como patronímico del fracaso; como gentilicio del oportunismo, todos ellos anteponen a la escualidez de su currículo, una tarjeta ajena de presentación: "Soy bielsista". ¿Y...?

La más enquistada versión de Bielsa, según él mismo, fue Javier Torrente. En el León, sus jugadores le arrebataron el equipo y él ni la camisa se cambió hasta que lo cambiaron.

Bassa presume también que estuvo al lado de Luiz Felipe Scolari, sin precisar si es más discípulo del campeón del mundo en Corea del Sur/Japón 2002 o en el 7-1 ante Alemania en Brasil.

Bassa miente cuando habla de conocer y entender la pasión, y de sentirse ya amamantado e irradiado por ese fascinante cáncer de sadomasoquismo que implica ser, pertenecer, a la aflicción semanal de ser del Atlas.

¿Cómo puede ya entender que en 90 minutos el aficionado rojinegro va de la euforia y la ilusión, tal vez al compungimiento irredimible?

"Le voy al Atlas hasta cuando gana", es la frase del añorado Ney Blanco de Oliveira, hijo del Santos, tutor de Pelé y con reseñas memorables en América, Atlas y Toluca, aunque él siempre fue al Estadio Jalisco con su jorongo rojinegro presumiendo "yo soy de Cocula".

Así, ¿en un parpadeo del cinismo y del oportunismo, en un carraspeo del descaro, Bassa entiende lo que es el Atlas? Además de la mentira, la infamia de querer engañar a La Fiel, y ante el impertérrito Gustavo Guzmán, cómplice profano en esa fechoría de desfachatez.

Claro, Guzmán, lego y bisoño, también de la historia del propio club que dice dirigir, es testigo del embuste.

"Hay que limpiar el cochinero que dejaron los Gustavos (Matosas y Costas)", dijo hace unas semanas, olvidándose de que en su propio nombre iba implícito el pecado, la acusación, y que el escupitajo que lanzó al cielo se le estampó en la cabeza. Cochinero tripartita, pues.

¿Pero sabrán Guzmán y Bassa de Zetter, de Mercado, del Pistache, de los Delgado, de Chavarín, del Berna, o de extranjeros como Valdatti, Cubero, Albretch, Chumpitaz?

¿Sabrán al menos que la mejor columna vertebral en la historia de la selección mexicana salió del Atlas: Oswaldo Sánchez, Rafa Márquez, Pável Pardo y Jared Borgetti, y que a ellos se agregó Andrés Guardado?

Ni Fabricio Bassa ni Gustavo Guzmán lo saben, mucho menos lo entienden, y menos aún lo sufren. Ejercieron la mentira con premeditación, alevosía y ventaja.

Ser atlista no es una elección, es una devoción estoica por el sufrimiento permanente, en una arquidiócesis del dolor que suma ya 67 años de desengaños, más que de desesperanzas. La autoflagelación de la fe.

En el Atlas el hedonismo se convierte en el placer del suplicio de esperar que cada año no ocurra el milagro de ser campeones, porque entonces, cuál sería el sentido de ser rojinegro... Es el martirio de fecundar la desesperanza.

¿Eso lo entiende ya Bassa? Si Guzmán ni siquiera ha podido, porque ha hecho de la equivocación un culto a su incapacidad. "Fallo, ergo sum (me equivoco, luego, existo)", parafrasearía el presidente del Atlas a Descartes.

"Vengo a cumplir sus sueños", dijo Bassa, como arribista e intrusa versión futbolera del Hada Madrina de esta Cenicienta rojinegra que perdió la zapatilla aquella medianoche del 22 de abril de 1951.

Inundado de obscenas, fracasadas, apestosas y sospechas compras de jugadores, el Atlas ha convertido en estériles sus raíces. Acostumbrado a generar jugadores de gran nivel, hoy el Atlas tiene la matriz más seca que el necrófilo atractivo de Guanajuato: sus momias.

¿Por qué no llegó Ricardo LaVolpe como director deportivo y a hacerse cargo de fuerzas básicas del Atlas, como tanto lo anhela? Gustavo Guzmán lo explicó hace años en petit comité: "Lo prohíbe TV Azteca, no yo. No puedo traer a un entrenador con un antecedente como el de la podóloga (en Chivas), en una empresa que combate fuertemente el acoso sexual".

¿Y Chucho Ramírez? Ha hecho de su peregrinar un apostolado en el futbol de Japón, donde pagan mejor, obedecen sin intrigar, y parten de un principio de orden y disciplina. Sí, igualitititito que el Atlas.

Pero llega, pues, Fabricio Bassa y llega mintiendo al decir que ya tiene al Atlas dentro de la piel y el alma, y claro, tiene aún más adentro, en su cuenta bancaria, la mayor cantidad de dólares que ha visto juntos en su vida.

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LOS ÁNGELES -- Henry Martín se ha alejado de las redes, pero no se ha alejado del gol. Y salvó al América ante los Tiburones.

Cuando Veracruz preparaba su postcarnaval, con los héroes guapos como Reyes Feos, Melitón Hernández y Carlos Esquivel, bajo el amparo del insólito 1-0, y con la hemorragia de segundos del minuto 92, cuando el sepulturero se frotaba las callosas manos, entonces, apareció Martín.

El área jarocha parecía estación del Metro en hora pico: congestionada, con empujones y repegones entre atacantes y defensores. El sístole y el diástole en el reloj de angustia y exasperación americanista. Y la tribuna con taquicardias.

La pelota rebotaba enloquecida. Henry Martín la husmeó en su ruta. Fue el estertor de un delantero, una genuina patada de ahogado en el lodazal del Veracruz: un taconazo hacia el arco, fue el grito de auxilio del atacante, el salvavidas al rescate.

Y la pelota zumba entre los túneles del desconcierto y la impotencia del resto de veracruzanos y americanistas. Pero, llega, dócil, obsequiosa, tanto, que hasta Bruno Valdez le pudo poner la cuota cariñosa y mimosa hacia la red. El gol lo grita el paraguayo, pero la pantagruélica potestad es del mexicano. 1-1.

Y el Deja Vu de aquella Final en el Azteca. Memo Vázquez en la banca de Veracruz, y Miguel Herrera fuera de la zona técnica. Como en aquella Final entre América y Cruz Azul: Memo con el corazón en modo parsimonia, y El Piojo con el corazón en modo infarto.

Dos minutos después, el árbitro acaba con el drama. América resoplaba con dolor en el costado esa condición de invicto. Se escapó de la tumba antes de las exequias.

Y al reloj de Veracruz le faltaron dos minutos de pundonor y estoicismo para ganarse un tanque de oxígeno y arrebatarle un copete glamour y de soberbia al líder del torneo.

Los Tiburones habían rozado la heroicidad. Primero Carlos Esquivel con tiza de billar le picó con rambersé giros extraños a la pelota, a la derecha de Marchesín, cuya estirada la escurre burlona la picaresca rotación del efecto del balón para ese 1-0 que reventaba las quinielas y amamantaba de felicidad a la creciente nación antiamericanista de 17 equipos. Ese gol escupía Ódiame Más.

Y si bien Gallese se mantuvo firme, hasta que se le dañó uno de sus espolones, la noche reclamaba otro arlequín en el cierre del carnaval. Y de su Miércoles de Ceniza, desde la banca, Melitón apareció para detener absolutamente todo a los fusileros americanistas, todo, hasta que llegó ese recurso de arrabal, de potrero, de la enciclopedia de lo ingenioso y lo grotesco, ese, el taconazo de Henry Martín, que Bruno toca suavecito hasta el fondo.

La noche de Melitón la hicieron más glamorosa las embestidas de sus atacantes. Sólo seleccionados nacionales de diferentes países, acudieron al tiro al pichón. Pero el arquero del plumaje mixto, de lo sublime y lo ridículo, impidió la tragedia al Veracruz.

Luego de un primer tiempo pobre, perezoso, desordenado, en el que los Tiburones tiraban tarascadas en la pelea del balón, mientras América tenía las llaves equivocadas de cada puerta que quería abrir, el segundo tiempo cambió de decoración.

Y ocurrió así, porque el América sobrellevaba el juego, cuando Esquivel desde fuera del área ensancha la portería de Marchesín., y con ese gol en contra, la desesperación fue una descarga brutal que despertó a las Águilas.

Entonces, el encuentro entró en mejores hechuras, tras el soporífero castigo del primer tiempo, y comenzó el asedio encarnizado sobre Melitón, nombre que en griego significa "dulce como la miel", pero resultaba amargo como la hiel para los artilleros americanistas, incapaces de vencerlo.

Miguel Herrera volvió a hacer ensayos. Su América se le ha convertido en un Cubo de Rubik... para daltónicos. El equipo responde a impulsos personales, individuales, más que a una exacta recreación táctica.

Por ello, el invicto el América es un parche que empieza a deshilacharse, aunque hurta credibilidad de la inapelable condición de líder del torneo.

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Alan Pulido rescató el empate para las Chivas en La Corregidora
LOS ÁNGELES -- En la zoología, en la cadena alimenticia y en el futbol, los zorros ejercen sadismo sobre las chivas. Le pasó al Guadalajara en un 2-2 angustioso, injusto, ante los Gallos Blancos de Querétaro.

Volpi, en italiano, es el plural de zorro (volpe). Y el arquero Thiago Volpi ofrendó plural, masoquista y valientemente cada parte de su anatomía para detener las embestidas de Chivas. Y salvó en el segundo tiempo al gallinero.

Guadalajara recuperó la sustancia de aquel campeón. Sus jugadores se dignaron dignificar la profesión, el contrato, la camiseta, el privilegio y la obligación salarial de 90 minutos. Y lo hicieron correctamente. Era tiempo de esos pequeños burgueses.

Dos goles de Alan Pulido rescatan al Rebaño y la estabilidad emocional de su pastor Matías Almeyda. Goles al más puro estilo del escapista profesional y piloto suicida, primero con remate a bote pronto y después con peripecias de bailarín de sevillanas, selladas con un zurdazo.

Chivas mereció más. Mucho más. No sólo porque propuso el encuentro y lo hizo en el precipicio suicida, audaz, pero generoso y loable de jugar a matar y morir.

Más allá de que Volpi vestía de circenses lances la jornada, incluso con un peligroso balonazo en el rostro, el Guadalajara erró también por precipitación en su veintena de disparos, en ese afán desesperado por mejorar sus cifras, aunque el saldo sigue en rojo escarlata: 5 puntos de 21 posibles.

Podrá destacar Matías Almeyda un cambio drástico y dramático en la postura de algunos futbolistas, que tuvieron como colosos para sostener al equipo a Michael Pérez y a Orbelín Pineda, con el agregado contundente de que Pulido adornó el marcador.

Quedan, sin embargo, asignaturas para el técnico de Chivas. Goles de descuido. El primero, en una descolgada, al desperdiciar un tiro de esquina y en tres toques, la calamidad firmada por Edson Puch estremeció al Rebaño.

En el segundo gol, con los cambios hechos por Tena, errores de distribución de marca, permiten a Miguel Ángel Martínez rebasar la timorata marca de Pulido, quien seguramente no quiso maltratar su hitleriano copete, y ni siquiera reaccionó por el balón.

Pero, de visitante, administrativamente, y de local, por el colorido y el fervor de la tribuna, Chivas puede resaltar el rendimiento futbolístico, agradable y generoso, nuevamente, aunque, insisto, sin perder de vista los errores defensivos.

Podría, de manera estricta, hacerse referencia a que los Gallos Blancos dejaron los espolones y la casta en el vestuario al medio tiempo. Y podría culparse a Luis Fernando Tena de fortalecer la trinchera del miedo y aferrarse al 1-0. O, podría ser, que el conformismo de los jugadores, terminó restándoles la testosterona con que habían luchado el primer tiempo.

Pero, más allá de buscar explicación en ello, Chivas dio sus mejores minutos del torneo, con jugadores como La Chofis asumiendo más responsabilidad, y además con los relevos de Ronaldo Cisneros y de Rodolfo Pizarro, el equipo se vio más dinámico, especialmente porque Macías y Brizuela acusaban ya cansancio.

El problema para el Guadalajara es que el margen de Liguilla está definido de manera estricta y radical: de los 30 puntos por disputar debe ganar al menos 20, es decir, tener una productividad de 66.67 por ciento.

Ahora tendrá la oportunidad de convertir, finalmente, en fortaleza, su altar de autoflagelación, cuando reciba en su estadio al Pachuca.

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Marcos Domínguez/Imago7
LOS ÁNGELES -- Oribe Peralta en la banca, pero el contrito Mateus Uribe quería purgar sus pecados capitales. Y el colombiano lo hizo con dos golazos.

Ahí, fincó el América su dominio absoluto en la cancha y en el marcador: 4-1. Sin Oribe, con Uribe, cuestión de una vocal.

América se acerca a la triple bendición de ganar, golear y gustar. La tercera de ellas sólo tiene el empalago de los cuatro goles. El trámite se amargó con el desdén y desorden de la segunda parte.

A Morelia le quedó grande el reto. Parecía un sinodal estricto para examinar a un América que se devanea entre la realidad y la insinuación.

Tres momentos de inspiración individual americanista arruinaron la transpiración de Monarcas. Goles del América que no certifican un mecanismo colectivo de generación de futbol.

El 1-0 refleja la visión de Jeremy Menéz. Cambia la embestida de derecha a izquierda, donde recibe, culebrea y sentencia entre las piernas de Guzmán y el azoro anestesiado de Sosa, el gol del resucitado Cecilio.

Morelia amenaza con el empate de Sepúlveda, pero vendría entonces la expiación de Mateus Uribe, con dos soberbias anotaciones, para espantar los fantasmas de sus tarjetas y penalti errado.

Primero, arrastra en diagonal y mete un zurdazo que embelesa la estirada de Sosa. El 3-1 lo consuma tras una carambola, con una pelota perdida, que en un resquicio, controla, desvencija la cadera a dos adversarios y con la punta toca a segundo poste ante la salida del arquero.

Sí: Uribe purgó sus pecados, más allá de que después recolecta la amarilla imprescindible y se lleva la advertencia de una roja por sus excesos. Parece que Mateus Uribe disfruta las tormentas de vivir entre lo sublime y lo ridículo.

El 3-1 de la primera mitad fue un perjurio. Porque prometía una segunda parte generosa en todo sentido. Por la desesperación de Morelia, y por un escenario abierto de confirmación americanista.

No hubo tal. La expectación no coincidió con las expectativas que se elucubraron en los vestuarios. Morelia se atrevió con precauciones y las Águilas juguetearon con el marcador.

El Nido, literalmente, lo montó Miguel Herrera en el fondo. Ante las tibias embestidas de Monarcas, había hasta nueve hombres americanistas en el último tercio.

Para el minuto 75, ya América tenía a su pareja ofensiva en el arranque del torneo: Oribe Peralta y Carlos Darwin Quintero, con el agregado de Ibargüen, pero para seguir sufriendo, de inicio, los conflictos para salir desde el fondo.

El suplicio aumenta para Morelia. Piernas frescas y veloces al ataque firman en el marcador. Ibargüen por derecha encuentra en el corazón del área el corazón desesperado de gol de Oribe Peralta, quien martilla el balón abajo, tomando a contrapié. 4-1.

Las Águilas montan su nido en el penthouse de la Liga Mx, irrumpiendo en los dominios de Pumas que visita a Veracruz.

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Matías Almeyda
Imago 7El técnico del Rebaño sabe que no será despedido.

LOS ÁNGELES -- Matías Almeyda no será despedido. Lo sabe. Su conciencia reposa y retoza tranquilamente en la caja de caudales de Jorge Vergara. Más de seis millones de dólares, el código de barras de su finiquito.

No es que El Pelado sea un cínico, pero ayuda saber que tiene un seguro de vida. Eso le permite trabajar sin histerias. Pero el tiempo lo azuza. Cuatro puntos de 18 posibles.

Chivas esta semana va al Parián de Querétaro y después recibe, en donde juega como huésped, en su estadio, al Pachuca. El Guadalajara es favorito, pero esa palabra ya acobarda, lamentablemente, a sus jugadores.

Y los cuervos están de luto y los buitres de fiesta. Los promotores de técnicos en desempleo, tienen ya listo el teléfono de Vergara. ¿Higuera? El árbol de su propio Judas.

El Rebaño que se remueve inquieto en la tribuna, tiene aún fe en Almeyda. Más, incluso que la que parecen tener sus propios futbolistas. Pero fe no basta. "A Dios rogando y con el mazo dando".

¿Cuándo, dónde y cómo se devaluó Almeyda? ¿O se devaluó el espíritu de sus futbolistas? ¿Usar al entrenador de pararrayos es lo más sencillo?

Vale, sin duda, preguntarse si El Pelado perdió el control de la testosterona y de las extorsiones espirituales de sus jugadores. Porque algunos son tristes remedos de su verdadero potencial.

¿Será que a Rodolfo Pizarro y a Orbelín Pineda les basta un título? Investidos ambos con notables cualidades, hoy no juegan, hoy eligen la punzante mediocridad de ser pusilánimes. La burguesía los ha castrado.

Y como ellos están El Conejo Brizuela y La Chofis López, a quien su entrenador quiso rescatarle la masculinidad deportiva, pidiendo que se le llamara Lalo.

¿Alan Pulido? Sus fantasías heroicas al liberarse de secuestradores eunucos o de ser el Vin Diesel de sus correrías nocturnas en las avenidas de Zapopan, Guadalajara y Tlaquepaque, han sido lo más relevante de su anecdotario. Sobrevive ileso e iluso a secuestros y accidentes, pero en la cancha es más frágil que cadera de nonagenario.

Por momentos, este torneo, Chivas ha demostrado, a cuotas, ese arrepentimiento estoico de reconocer su fracaso el torneo anterior. Pero con cuatro puntos de 18 posibles, bajo ese ritmo de rendimiento, con dos derrotas esta semana, estarán eliminados de este mismo torneo.

Ciertamente, hoy, los hombres recios que dieron a Chivas el título en junio de 2017, no cubrirían los trámites de gallardía, compromiso, pasión y audacia para competir con sus correligionarias de la Liga Femenil. Hay más actitud en las campeonas de Jorge Vergara que en los campeones de Jorge Vergara.

Sin duda, el vestuario aún no digiere el trato a Oswaldo Alanís. El Pelagatos 2.0 de Vergara, según promulgó Ricardo Peláez, dejó zanjas profundas y supurantes entre jugadores, cuerpo técnico y la institución. Mintió a todos y desencadenó rencores.

"El poder de la manada es el lobo y el poder del lobo es la manada", dice un proverbio chino. Almeyda tiene lobos pero no tiene manada. ¿La perdió o se la hurtaron?

La lealtad al entrenador está bajo juicio. Y no es un problema sólo de Almeyda. Es un problema de los conformistas que se embriagaron con el champaña de un título de un torneo corto. Qué estrecha es su hambre y que amplia su cuenta bancaria.

Y El Pelado sólo ofrece lo que le queda: trabajo. La frase se ha convertido en una mentira por tanto manoseo. "Sólo con trabajo saldremos adelante".

Pero... ¿Trabajarán más horas? ¿Doble sesión de entrenamiento para que sólo les queden fuerzas y ánimo para su único compromiso? ¿El cinturón de castidad del agotamiento?

Más allá de las bendiciones que tenga que trabajar a puerta cerrada, también es necesario que el aficionado apriete, que exija. El rebaño del Rebaño debe recordar que la decepción no es ante Monterrey, ante Puebla y ante Santos. No para ahí.

La deuda de Chivas, de cuerpo técnico y jugadores de Chivas, tiene un torneo y la mitad de otro cotizando en la amargura y la decepción de sus seguidores.

Y en este momento, Matías Almeyda busca un director deportivo, para que no le busquen otro director técnico. Tiene un seguro de vida de más de seis millones de dólares, pero Jorge Vergara ha pagado eso y más por romper procesos.

Aldous Huxley escribió que "el burgués es el animal humano perfecto, domesticado por sus vicios". Pizarro, Pulido, Alanís, Brizuela, Orbelín... la alineación completa. Los Once del Patíbulo.

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Viñeta Rafa Ramos
LOS ÁNGELES -- Goles franceses sellan un empate vestido de mezquindad. 1-1, entre Tigres y América, en un trámite purulento por errores del árbitro Fernando Guerrero.

América se relamió los bigotes antes de tiempo. Pudo abrir el marcador, y en el segundo tiempo enderezar el marcador y capitalizar el déficit ofensivo rotulando en letras rojas en el pizarrón del Tuca Ferretti. El reflujo le reptaba el gaznate.

El colombiano Mateus Uribe, se sintió en deuda porque Tigres quiso llevarlo a México, y se lo agradeció errando el penalti que hubiera abierto el marcador. Encima, con más dotes de carnicero que de futbolista, le perdonaron la roja, yéndose de cambio al '54 con una amarilla y medio millón de advertencias timoratas del silbante Guerrero.

Partido que marcan dos espectaculares atajadas, especialmente, de los dos ungidos para la portería mundialista de Argentina, con lances pintarrajeados de drama y acrobacia, en un encuentro que bajo la combustión de la intensidad, no desmereció a las expectativas

Aunque se quiso llenar de merengue francés la víspera del encuentro, para un reencuentro de inicio con Gignac y Menéz, con la firma de ambos en el marcador, se dejó la semilla de una carrera parejera en la que el jugador de Tigres lleva ventaja absoluta.

Gignac colgó el 1-0 de un cabezazo, increíblemente abandonado en el área, mientras Menéz le resolvió un problema a Miguel Herrera: El Piojo ya no depende de los piojosos recursos técnicos de Uribe desde el manchón.

Era tanto el temor de Guerrero, que en el penalti marcado por Menéz, le dieron escalofríos, de esos que llevan a perpetrar estulticias en la cancha. Primero decretó gol, después reculó y marcó falta de América, hasta que eligió el camino de los pusilánimes, y dejar a la suerte todo desde el manchón.

Convertido en un estuche de monerías, empapando cada silbatazo de salivazos de competencia, perdonó la segunda amarilla a Nahuel, y una tarjetita para reprimir la insultante insolencia de Gignac. Además, al América, le perdonó tarjeta roja a Uribe y a Paul Aguilar. Este juez, este Fernando, es un Guerrero contra su autoridad, el sentido común, el criterio y el reglamento.

Con la vehemencia en la cancha, especialmente la desesperación americanista por igualar el marcador, se fue reconstruyendo con cambias que parecían promesas de conquista, pero terminar por desatar una lucha en las trincheras de ambos equipos, pero sin enaltecer en el marcador el compromiso de toida la expectación y ñlas expectativas que le rodeaban.

El resultado no reivindica las exigencias marcadas a ambos equipos. América queda situado como sublíder a expensas de la encerrona de Monterrey en el Infierno de Toluca.

Mientras tanto Tigres sigue jugando su pretemporada razonablemente, aunque fuera de puestos de Liguilla en esta aún imberbe Liga, pero además expuesto a que Toluca y hasta el Veracruz lo bajen dos posiciones.

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LOS ÁNGELES -- El Pastor busca quién le pastoree su Rebaño. Matías Almeyda, de acuerdo con el Principio de Peter, encontró su propio nivel de incompetencia.

Y antes de que ese "dinosaurio, de los antiguos", no de los nuevos, que, además, enfermo de incontinencia urinaria, con frecuencia salpica a las Chivas, El Pelado busca un brazo derecho, pero que no atente con usurparle el timón del equipo.

Después de jactarse de su omnipotencia, de creerse capaz de coordinar, exitosamente, en Chivas, desde los ungüentos y las toallas de la podóloga hasta la firma de futbolistas, pasando por fuerzas básicas, El Pelado claudicó.

Imago 7Matías Almeyda en conferencia de prensa.

Quiere a un gerente con filiación, experiencia, pasión y compromiso con Chivas, con vínculos vigentes al futbol mexicano, pero, sobretodo, que no tenga delirios de entrenador como para interrumpir en los quehaceres de la dirección técnica.

Habida cuenta que el catastrófico manejo del caso Oswaldo Alanís le costó el puesto al megalómano Pelagatos 2.0, como le bautizó Ricardo Peláez, ahora Matías Almeyda busca alguien que no juegue en su contra como José Luis Higuera.

Ojo: Higuera llevó a Almeyda al Rebaño, pero ya está dicha: "cría cuervos y...".

Bajo las condiciones que impone Almeyda no hay muchos que califiquen ni muchos que clasifiquen. Con semejantes requerimientos segrega más que amplía el universo de posibilidades.

Chivas, de entrada, necesita a un exfutbolista que deje de pensar como futbolista, pero sin dejar de pensar en el futbolista.

Bajo ese escenario, hay dos extremos juiciosamente deliciosos. Y tal vez ninguno pudiera agradar, de entrada, a la afición rojiblanca, que, al final, queda claro tiene una voz tibia y un voto nulo en la toma de decisiones.

1.- Néstor de la Torre, quien mostró la mano fuerte en la selección mexicana, aunque en Chivas cedió demasiado en esa relación de hermano a hermano con el Chepo de la Torre.

De cuna rojiblanca, seguramente hoy está más capacitado que nunca para regresar, pero, seguramente, puede ser el menos interesado en volver a tener roce con Jorge Vergara. Todos tenemos un poco de masoquista, pero no tanto.

2.- Ricardo Peláez parecería satanizado. Americanista de formación y un antagonista de alta hostilidad hacia Chivas mientras dirigió El Nido, al final tiene un sello: profesionalismo.

Almeyda y él tienen capacidad de diálogo bajo una religión: conservan la esencia de futbolistas. Además, han enriquecido de buenos y malos momentos su aprendizaje. Tienen, sin duda, elementos de conexión que los llevaría a ayudarse el uno al otro.

Baste citar un ejemplo: el conflicto de Alanís. Peláez, lo habría logrado solucionar con una propuesta intermedia, sin permitir llegar a extremos perversos, como los generó el mismo Higuera, encima informando de manera amañada a Vergara.

Y, a final de cuentas, recordemos que el mismo Higuera, de palabra, obra y comisión, fue americanista y antichiva según está documentado en redes sociales.

Ciertamente una nueva convivencia entre Vergara, Néstor y Almeyda estaría sostenida por hilos muy delgados. Una confianza absoluta entre ellos sería muy difícil de garantizarla. Hay demasiadas esquinas rotas.

Y una convivencia entre Vergara, Peláez y Almeyda estaría regida por una bendición para el equipo: el aislamiento del propietario de esta nueva gestión.

¿Además, alguien duda que más allá de la filiación sentimental de Peláez con El Nido, no sería hoy el número uno en pretender consumar con éxito un proyecto en Chivas el enemigo número uno del América que lo echó por la puerta de atrás?

Hay quien refuta esto con un argumento que no puede desdeñarse, especialmente después de varios acontecimientos recientes de esos pleitos clandestinos y ruines entre propietarios de equipos: ¿Permitiría Emilio Azcárraga Jean que regrese Peláez a involucrarse con un equipo, en especial con Chivas?

Más allá de que supuestamente alguna vez Cruz Azul lo sondeó, en caso de que menguara la salud de Eduardo de la Torre y le obligara a dejar La Noria, la otra versión es que Peláez, hoy, es parte de un veto furtivo como parte del Pacto de Caballeros.

Elucubrando, y conociendo algunas formas de proceder del futbol, tampoco hay que descartar que de la nada surja un candidato, postulado por el mismo representante de Almeyda, Santiago Hirsig.

Recordemos que Matías Almeyda tiene voz y voto para buscar, entrevistar y elegir a su director deportivo, y seguramente podría presentar a ese inesperado aspirante, como alguien que conoce sus procedimientos y forma de trabajo. En el futbol mexicano ya nada debe extrañar.

Y Vergara es capaz de comprarlo. Recordemos la forma tan ingenua en la que dilapidó millones de dólares con el proyecto Cruyff y la llegada de Van't Schip.

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LOS ÁNGELES -- Por un año, Miguel Herrera tuvo intranquilo a Henry Martín en la banca de Xolos.

Hoy, Henry Martín tiene a Miguel Herrera tranquilo en la banca del América. Cinco goles en cinco juegos.

El triplete que victimó a los Lobos BUAP, de repente, lo cotizó en esa voluble, cambiante y oportunista bolsa de valores de la afición americanista.

La tribuna lo cuestionó cuando llegó all Nido. ¿Henry Martín? Su mayor notoriedad había sido la fractura de ligamentos cruzados, que también le fracturaba su carrera y una eventual cita al Tri.

Cuando el americanismo tenía estertores de ansiedad por la llegada de una gran figura de Europa, el draft les entrega un yucateco con menos goles en Liga que las letras de su apellido. Un indigente del área.

La bibliografía negra del futbol tiene volúmenes con casos dramáticos de jugadores que ingresan al multitudinario ejército de promesas truncadas, tras una una fractura de ligamentos cruzados.

¿Por qué sería distinto el futuro de Martín? ¿Por qué si la llama de promesa apenas iluminaba el rincón de sus imberbes ilusiones? Todo indicaba que de la plancha del cirujano iría al confinamiento de la banca.

Sin embargo, las circunstancias, esas que antes se confabularon contra él, hoy se aliaron con él. Se fue el sobrecotizado Chino Romero, y Miguel Herrera buscaba un aliado de Oribe Peralta.

Los nombres zumbaban tras los moscardones que promovían a sus futbolistas sudamericanos como el nuevo Cavani, el nuevo Radamel o el nuevo Suárez.

Y el Piojo debió salir de cacería en el Clausura 2018. El que no tiene perro, caza con gato, dicen en Brasil. El que no tiene un tigre, caza con un xoloitzcuintle, decidieron en el Nido.

Tuca Ferretti lo llevó al Tri en ese interinato en el que sometió al decadente EEUU de Klinsmann para conseguir el boleto a una Copa Confederaciones, sellada, después, por Juan Carlos Osorio, con oprobio y vergüenza.

Regresó bajo la política del mismo Osorio de rotar y manosear. Y Henry no anduvo. Tuvo tres en condiciones de gol ante los juniors de Bosnia... y las erró.

Pero llega el juego ante Lobos. 0-0 hasta que Maza Rodríguez es expulsado por un pisotón sobre Oribe, una tarjeta roja que ciertamente de haber portado aún esa misma camiseta americanista, el defensa lobezno, habría recibido sólo una amarilla. El daltonismo del miedo arbitral.

Para fortuna de Martín, el arbitraje mandó al Maza al vestuario a la ducha de agua helada. Y un equipo que no quiere, no sabe, no puede defenderse, como Lobos, abrió un set de tiro, en el que el blanco era su propio portero Villalpando.

Y ahí -"bomba", dirían en Yucatán--, no perdonó Martin. Dicen que un buen yucateco siempre sabe usar la cabeza. Él lo hizo tres veces, desde diferentes posiciones en el área, siempre con la benevolencia de la despistadísima defensa rival.

Pero, de eso no tiene la culpa Henry Martín. Estar ahí, en el sitio preciso, le llaman olfato. Saber dónde se está ubicado, le llaman visión, y se enredó en las consecuencias mediáticas de su primer hat-trick.

Un triplete que posiblemente, con Xolos, habría sido encapsulado en la nada pomposa hemeroteca de las chiripas.

Agradeciendo al Piojo por la oportunidad, a Oribe Peralta por los consejos, y a sus compañeros por generarle las tres asistencias de gol, manda un mensaje público a través de redes sociales ajenas, pero con destinatario definido: Juan Carlos Osorio. Quiere ir al Mundial de Rusia.

Y este fin de semana, con el viento hinchándole la camiseta, Henry Martín tiene además la oportunidad de desplegar la bonhomía, la decencia, de ser un malagradecido. Enfrenta a Tigres de un Ferretti que le tuvo fe para el Tri. Ironía pues: la mejor forma de agradecerle al Tuca, es lastimándole la piel en el marcador.

Tiempos de hadas, sin duda. El visto por el americanismo como un indigente del área, es hoy el mesías de El Nido.

Y si por un año, Miguel Herrera tuvo intranquilo a Henry Martín en la banca de Xolos, hoy Henry Martín tiene a Miguel Herrera tranquilo en la banca del América.

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LOS ÁNGELES -- Johann Herder, filósofo prusiano, habría explicado así la Jornada 5 del Clausura 2018: "Los dos mayores tiranos del mundo: la casualidad y el tiempo".

1.- América y Monterrey aplastan 5-1 a Lobos y a León, con un denominador común: expulsión al minuto 27 que marca el rumbo del escándalo en cada marcador.

2.- A Pachuca, por ¿casualidad?, lo sentencian en dos jornadas seguidas, horrores arbitrales: un gol en fuera de lugar ante Tigres, y un penalti inexistente ante Morelia.

3.- Los dos campeones de 2017, Chivas y Tigres, victimados 2-0, de visita, ante Puebla y Pumas, con una calamidad en común: una apatía descomunal del Rebaño y de los felinos.

4.- ¿Casualidad? En el púlpito de Cruz Azul. Y entre los discursos de Paco Jémez en sus primeras cinco jornadas en la Liga Mx, y los de Pedro Caixinha en sus primeras cinco jornadas en su regreso a la Liga Mx. Algo así como: "Somos tan buenos, pero todo nos sale tan mal".

Aseguraba alguna vez Salvador Dalí que nunca regresaría a México: "No puedo regresar a un país más surrealista que mis pinturas". Y su liga de futbol no puede ser distinta.

Jornada, además, enriquecida por soberbios goles, como los de Erick Gutiérrez, Avilés Hurtado y el de Jeremy Menéz, entre otros, además de atajadas milagrosas en otros escenarios.

Pero, muchas situaciones por descifrar.

Chivas, de nuevo, ratifica la calamidad suicida que representan Carlos Salcido y Hedgardo Marín. Lentos, desubicados, torpones física y mentalmente, colaboran descaradamente con los goles del Puebla.

Mientras tanto, Oswaldo Alanís, reprobado en el amistoso del Tri ante Bosnia, sigue recluido en la banca por decisiones de la directiva. Jorge Vergara ordena y El Pelado obedece.

Alarmante: Matías Almeyda se contagió de la pachorra y pusilanimidad del grupo. Un caddie con cruda de un golfista miope, habría tenido más efusividad que él.

Y mientras tanto, en Guadalajara, mientras su equipo perdía, el desenfrenado ego de José Luis Higuera se despachaba con selfies en la Serie del Caribe de Beisbol. Está herido, sin duda, de la sopapiza que le dio Jorge Vergara. La vida de Pelagatos no es fácil, diría Ricardo Peláez.

Las golizas estigmatizan. El Chavo Díaz y Rafa Puente tienen un cinco escarlata en la frente. Cierto que la expulsión de Fernando Navarro con León y de Maza Rodríguez con Lobos, fueron la macabra Rosa de los Vientos para ambos entrenadores ante Rayados y América.

Entre la casualidad del marcador, hay diferencias. León parece empeñado en hundirse. Parece un reclamo silencioso de los -otra vez-- confabulados jugadores de que algo apesta.

Recordemos que así echaron a Luis Fernando Tena, a Javier Torrente y ahora al Chavo Díaz, o, como algunos afirman, Landon Donovan y sus 185 mil dólares mensuales son la manzana envenenada.

Con Lobos, el equipo mantiene la devoción. Aún con uno menos, quiso, pudo y exigió a Marchesín. De aplaudirse que Rafa Puente no crea en otra doctrina que la del futbol ofensivo, pero ayer, los describiría Hoaquín Sabina, "me compró una tormenta después de robarme el abrigo".

Entre los abúlicos Tigres, que se pierden a Javier Aquino ante el América, salieron a dar su juego de desperdicio y Pumas les hizo dos, pero pudieron ser varios más.

Y Juergen Damm sigue siendo leal a su forma bobalicona de ser: como con la bengala que le flameó el rostro, igual, flamea por la banda, pero pone el balón a la espalda de la portería. Estrabismo, diría cualquier oftalmólogo.

Y mientras Henry Martin le hace tres caravanas de agradecimiento al Piojo Herrera con el hat trick sobre la jauría desorientada, el aparador se lo lleva el gol de Menéz, con una pulcritud técnica fantástica, gozando de tiempo y espacio, y sin presión alguna.

Sirve además ese gol para que los "frérots (hermanitos)" franceses, Menéz y Gignac, se citen, en la inmediatez del Twitter, para el próximo fin de semana, cuando Tigres abandone la vagancia y la abulia, y sea anfitrión del América. Mon Dieu, la guerre!!

¿Y Pachuca? Dos goles, en dos jornadas seguidas, donde no hay manera de dudar de la estulticia arbitral, porque lo que hay es una descarada y cínica perversidad arbitral.

¿El VAR habría salvado al Pachuca? Imposible, porque quienes manipularán el VAR manipulan ya al arbitraje, teledirigido, contra el Pachuca.

¿Cuál vaso de la histeria y el miedo se llenará primero: el de León, el de Lobos... o el de Chivas?

Tantas casualidades. Voltaire nos tira un acertijo: "La casualidad no es, ni puede ser más que una causa ignorada de un efecto desconocido".

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